Entorno

El “Quitapenas”

10 de Abril de 2019

Si bien los “quitapenas” se multiplican en cada ciudad y pueblo de nuestro país, muy pocos han logrado la notoriedad y trascendencia de este local reconocido por su aporte a la comunidad y trayectoria.

Como suele suceder con las picadas más clásicas de Santiago, no se sabe con total exactitud cómo y cuándo nació este popular bar-restaurante del ex barrio de La Chimba, allí cerca del Cerro Blanco y los cementerios. Las fechas que se proponen transitan por la segunda mitad del siglo XIX, pues lo claro es que ya existía para el cambio del centenario.

En algunos períodos se le ha llamado “Quita Penas”, y en otros “Quitapenas”, junto. Su nombre provendría, por conclusión lógica, del desahogo que se daban allí los comensales después de haber despedido a sus seres queridos, pues se ubicaba estratégicamente en la proximidad del Cementerio General, en Avenida del Panteón, después llamada La Unión y Profesor Zañartu. Ha pasado por varios dueños desde entonces, y su éxito estuvo garantizado por el hecho de que los cortejos fúnebres se hacían antes a pie, de modo lo que los deudos pasaban invariablemente a este local para “llorar” a sus difuntos.

Su más recordado propietario fue el controvertido ciudadano de ascendencia italiana don Emilio Burroni F.

 

Un nombre o mote que habría sido dado al boliche fue “La Gloria” pues, según decía el dueño, “aquí se viene a tomar gloriao”, nombre que recibe un traguito a base de aguardiente, azúcar y clavo de olor, servido y tomado durante los velorios y también después del funeral del finado, especialmente en la antigua tradición del campo. Cabe recordar que, al morir “el gringo” Emilio -como le llamaban impropiamente a este personaje capo di tutti capi que ya tenía semblante morturio en vida-, su esposa Maina Villalba se hizo cargo del restaurante por algún tiempo, antes de ponerlo en venta y así desprenderse de los recuerdos dolorosos que le provocaba su soledad. Ella acabó pocos meses después con su vida, en una trágica decisión.

Son muchas más las historias que “El Quita Penas” ha acumulado dentro y fuera de sí, pero las más recordadas son, fundamentalmente, dos de ellas: el paso del infortunado poeta Pedro Antonio González por sus mesas de madera y la fundación de uno de los equipos íconos de la división profesional del fútbol chileno.


LA ANTIGUA UBICACIÓN DEL LOCAL

“El Quita Penas”, originalmente, se encontraba en los números 1125 y 1131 de la mencionada Avenida del Panteón, en una vieja casona con subterráneo en la primera cuadra y cercana a la monumental entrada de la necrópolis. Hay historias informales que lo creían ubicado en otros puntos de la actual Avenida La Unión o Profesor Zañartu, pero esto es un error o un mito urbano, probablemente surgido de una confusión con el local de la Posada de la Cañadilla, que existía en la esquina de esta calle con Independencia donde hoy está la Biblioteca Municipal y a sólo pasos de la ubicación real del antiguo “Quita Penas”. El número real de la casa está perfectamente documentado.

Esta ubicación primitiva en la ex Avenida del Panteón se explica porque la única entrada del camposanto en aquellos años y para el público general era este histórico acceso, de modo que el bar-restaurante no siempre estuvo en Recoleta 1485 esquina Obispo Valdivieso, frente a la segunda entrada del Cementerio General que se empezó a habilitar desde los años cuarenta.

Hacia fines de los noventas, “El Quita Penas” estaba virtualmente en la quiebra y con riesgo de cerrar para siempre. Entonces, fue adquirido por don José Miguel Mendoza, quien le ha dado nuevos bríos al local en su ubicación de nuestros días, en Recoleta entre el Cementerio General y el Cementerio Católico. A veces atiende él y en otras ocasiones su señora María Salomé Rojas, apodada “La Primera Dama” por los fieles clientes del boliche.


FUNDACIÓN DEL CLUB COLO-COLO

En abril de 1925, la crisis interina del Club Deportivo Magallanes había llegado a su punto de ebullición, por diferencias profundas entre la dirigencia y los jugadores aliados con algunos socios, sobre la profesionalización de la institución. La ruptura era inminente y la posibilidad de diálogo entre dirigentes y bases ya no tenía posibilidades.

Sucedió, entonces, que un grupo de estos disidentes caminaba por la calle Independencia hacia Avenida del Panteón, planificando la conspiración contra la dirigencia del club de fútbol. Pero se les hizo tarde para ir a comer y decidieron pasar entonces al “Quita Penas”, que les quedaba en el camino, para seguir sus conversaciones.

Fue en sus salas del subterráneo del antiguo local, entonces, en donde la audacia del vino y la sabrosura de uno que otro platillo llevó a los rupturistas del Club Magallanes, liderados por David Arellano, a planificar una estrategia de autonomía y decidir fundar un club deportivo nuevo en lugar de unirse a otro, como se había propuesto en un principio, llamándolo Colo-Colo por sugerencia del futbolista Luis Contreras, en homenaje al caudillo araucano de la Conquista de Chile.

Luego de algunas reuniones y afinamientos más, el flamante club será inaugurado con celeridad. Años después, el ex campeón Agustín Biggini Curotto, entonces administrador, dijo que en medio de la improvisación de esta primera etapa, un día no encontraron tinta de tampón para humedecer los timbres del club necesarios para sellar actas, por lo que alguien sugirió -medio en broma y medio en serio- pedir vino tinto concentrado para cumplir el trámite.

Oficialmente, entonces, el nuevo club es presentado el 19 de ese mismo mes en el Estado El Llano, bajo la presidencia de Alberto Parodi y el mismo cargo honorario para don Luis Barros Borgoño. Estaba destinado a ser el equipo con más estrellas en la historia deportiva nacional.

Increíblemente, los hinchas del Club Social y Deportivo Colo-Colo muchas veces desconocen la importancia que tuvo en su propia historia institucional “El Quita Penas”, hablando de manera general sobre la fundación del equipo “en un bar” o “en un restaurante” sin precisar que éste aún existe y tiene sus puertas abiertas a los buscadores de las tradiciones históricas que aloja en sus salones.


“EL QUITAPENAS” EN NUESTROS DÍAS

Ya en 1955, “El Quita Penas” había sido mencionado en los cuentos de don Luis Cornejo en su libro “Barrio Bravo”, tras el triste funeral de un personaje del conventillo “Las Delicias”. No ha sido la única vez que aparece en la literatura, por cierto.

Aunque la concurrencia de clientes ya no es la misma de antes, pues en nuestros días los muertos son arrojados dentro de la cripta por los mismos deudos que llegan y se van presurosos en vehículos, la pasada del brindis final en “El Quita Penas” por el fallecido sigue siendo una tradición instituida en la sociedad santiaguina; parte de la cultura nacional.

“El Quita Penas” de hoy conserva su ayer: los muros en ambas salas están llenos de fotografías antiguas, cuadros de la belle époque y los pasajes de la historia del fútbol que germinaron en su interior. La construcción de la Estación Metro Cementerios facilita mucho más la llegada hasta sus puertas. En junio de 2004, el Consejo Regional de la Cultura de la Región Metropolitana extendió en el Día del Patrimonio Cultural un reconocimiento especial al “Quita Penas”, como una de las Mejores Picadas Urbanas de Santiago, junto a otras diez conocidas casas. El 5 de enero del año siguiente, recibió uno de los Premios Ciudad de la Fundación Futuro. Desde entonces, los reconocimientos no han parado.

La popularidad de los excelentes “terremotos” del bar, sus sabrosas empanadas, perniles, chorrillanas, bifes a lo pobre y comidas chilenas en general, seguramente le tienen garantizada aún larga vida, tras servir por mucho más de un siglo a quitarle las penas al pueblo.