Entorno

Hipódromo Chile

04 de Junio de 2019

A comienzos del año 1904, un grupo de entusiastas hípicos entre los que se contaban criadores, propietarios, preparadores y aficionados, consiguen concretar un proyecto que, en esos años, se vislumbraba como una idea muy difícil de llevar a cabo, es así como logran redactar, notariar y legalizar los estatutos bajo los cuales se regiría esta sociedad anónima, la que se denominaría “Hipódromo Chile”, y cuyo objetivo primordial sería “fomentar la mejora y la propagación de las razas caballares del país”.

Sin embargo, la Sociedad Hipódromo Chile no poseía una pista propia,  por lo cual sus primeras carreras fueron en una reducida pista en el Zanjón de la aguada entre las calles San Diego y San Ignacio.

El público desde un comienzo vio con buenos ojos la iniciativa, a pesar de que entonces, las reuniones eran los días lunes y el programa constaba, solamente con 4 carreras, todas ellas realizadas en una corta pista rodeada de pequeñas tribunas y otras dependencias cubiertas por ramas, lo cual le daba un aire pintoresco al espectáculo.

Las autoridades que preveían la potencialidad de la actividad, rápidamente, comprendieron la necesidad de buscar un lugar más apto para la práctica hípica. Fue así, como adquirieron, prontamente en el “Barrio de la Palma” entre las calles avenida Independencia y Fermín Vivaceta un terreno no menor  a 18 cuadras, conforme consta en el acuerdo de la junta extraordinaria de accionistas de agosto de 1905.

Para su inauguración ya faltaba poco y así se constata en el diario El Mercurio que promocionaba en su sección de deportes, el evento a realizarse, indicando que; ”los asistentes pueden concurrir tomando el carro número 6, que viene desde 21 de mayo, puente Bandera e Independencia para terminar en calle Nueva de Matte y  caminar un par de calles para encontrarse con el recinto”. Y de acuerdo a lo previsto, se da inicio a la  primera jornada, la cual sería un caluroso día jueves 15 de noviembre de 1906 a las 14.30 horas, con numeroso público asistente quienes vieron la victoria de Kodack, el cual, derrotó al caballo favorito, Danton.

Desde sus inicios el Hipódromo va a significar un impulso al sector, no solo la apertura de calles, la extensión del tranvía, que antes llegaba solamente a la calle Nueva de Matte, a cuatro cuadras del recinto, sino que, probablemente, la creación de la misma Plaza Chacabuco. Muchas viviendas, cercanas al recinto, van a contribuir utilizando sus patios para el establecimiento de las caballerizas o corrales, que conectan directamente con la pista del único Hipódromo de arena en Santiago, el más novel de la capital.

Desde esas épocas, el Hipódromo va a provocar una gran influencia, constituyéndose no solo en un lugar de esparcimiento y disfrute de los fanáticos hípicos, si no también un lugar de entretención para los vecinos. Asimismo, el recinto va a ser una fuente laboral para muchos vecinos, quienes ya sea como cuidadores, paseadores de caballos, jinetes o preparadores, van a ser la mano de obra que permita la actividad. Del mismo modo, como un sin número de tiendas comerciales proveerán de suministros a la naciente actividad hípica del sector.

Con el correr de los años y ya en la década de los sesenta, tal como menciona la Revista En Viaje, el Hipódromo se constituye en una entidad de gran visión en el mundo hípico, que entonces ya era el único recinto que contaba con partidor eléctrico en el país. Además, se filmaba el desarrollo de la carrera en su integridad. También, se impartían charlas técnicas y científicas, hechas por profesionales, que mejoraban el rendimiento de los equinos. Con esta iniciativa, el hipódromo  Chile, no solo aportaba al desarrollo científico-técnico de la actividad, sino que,  se  situaba en un lugar de privilegio entre las más avanzadas del continente.

La Sociedad  Hipódromo Chile, fue durante por un periodo una sociedad semifiscal, alianza entre la Empresa de Comercio Agrícola, la Sociedad de Criadores de Caballos de fina sangre y de varios particulares. Ella realizaba una extensa acción de obras sociales y de hondo contenido humano, destinando importantes aportes a la construcción y mantención de hospitales y establecimientos educacionales, asistencia publica, la Cruz Roja y diversas otras instituciones.

Diario El Mercurio

Caso digno de destacar, como parte importante de la historia del recinto, fue la donación de terrenos que la entidad realizó durante el gobierno de Pedro Aguirre Cerda, en el marco de la creación de la “Institución Defensa de la Raza y Aprovechamiento de las Horas Libres”, el Hipódromo cedía los “terrenos necesarios para la construcción de un Centro de Esparcimientos, que perseguiría la finalidad del “Proyecto de la Defensa de la Raza” en el populoso sector del barrio Independencia. Ello implicaba la protección de los sectores más desposeídos y sus familias, con un recinto que proveyera un complejo deportivo, biblioteca y un bar lácteo, que constituía un esfuerzo por alejar a los sectores más desvalidos de vicios y malas prácticas. Esta edificación formaba parte de este programa, al igual que uno ubicado en el Parque Cousiño. Parte del proyecto logró plasmarse con la construcción del “Hogar Hipódromo Chile”, proyectado por Enrique Gebhard en sociedad con Jorge Aguirre, el cual formaría parte de un Complejo de esparcimiento de menor tamaño ubicado en terrenos del Hipódromo.

El edificio fue proyectado de acuerdo a las ideas de arquitectura y urbanismo moderno, por desgracia, se vio truncado en su integridad, lográndose solamente la construcción del Hogar Hipódromo Chile, el cual nunca fue utilizado de acuerdo a la finalidad para el cual fue diseñado originalmente.

Actualmente, con casi 108 años de historia, el Hipódromo Chile sigue siendo un polo de atracción para muchos de los habitantes del barrio de Independencia y para tantos que concurren en una tarde buscando que su caballo se meta “por los palos” y gane “por una cabeza”. A quien espera acertar el famoso y bienvenido “dato”, que le permita cobrar una “trifecta o una quinela”, a quien ansía darle el “palo al gato” y acertar un caballo ganador que pague no menos que unas 20 veces, el cual le permita cobrar una buena suma y tener así una tarde feliz, bien regada y acompañada de un suculento sánguche de pernil.

Por ello, tanto el que deambula nervioso por paddock, como el que acelera el tranco en tribuna cuando “suben bandera”, el que porta bajo su brazo el cuadernito con el programa, estudiando cada hándicaps, y el que va a la Troya buscando una señal oculta en la mirada del jinete, que siempre interpreta como un dato, todos ellos son parte inseparable del Chile, aquel Hipódromo cuya sangre fluye en cada lugar cercano a la Plaza Chacabuco, por cada paseo matinal de los caballos en calle Vivaceta, en cada aliento y en cada suspiro del vecino, que vive cerca a la arena del Hipódromo del barrio de La Palma, como son los edificios Activa Alto Hipódromo y Activa Hipódromo.